jueves, 29 de diciembre de 2016

EL CHE GUEVARA
OMNIPRESENTE EN LA HISTORIA

Cada vez que las cámaras de televisión –o las de los teléfonos móviles– apuntan a la muchedumbre en alguna manifestación alrededor del mundo, tarde o temprano, irrumpe la imagen del Che Guevara, más precisamente aquella instantánea que tomó el artista Alberto Korda una tarde de 1960 e inmortalizó la figura del revolucionario argentinocubano. Como el cadáver de Evita Perón, que fue rehén de un triste peregrinaje por el poder de turno, apropiarse de los símbolos es una operación que ha hecho tanto la derecha como la izquierda. El Che y su mito, que produce un ambiguo magnetismo, han sido botín tanto de detractores como de fanáticos, con un impudor casi obsceno.

Por estos días, dos libros publicados en Estados Unidos, y ambos a su modo, como las cámaras de televisión, apuntan a la figura del Che. El del periodista cubano Alberto Müller, Che Guevara: valgo más vivo que muerto (Editorial Biblioteca Nueva), da una especie de plano general sobre el desastre que fue la campaña del guerrillero en Bolivia, donde finalmente sería capturado y asesinado. El libro de Martín Guevara, A la sombra de un mito (Alexandria Library), sobrino del revolucionario, en cambio, da una mirada íntima que echa raíces precisamente en cómo es lidiar con un muerto tan célebre en la familia.

COMO EL CADÁVER DE EVITA PERÓN, QUE FUE REHÉN DE UN TRISTE PEREGRINAJE POR EL PODER DE TURNO, APROPIARSE DE LOS SÍMBOLOS ES UNA OPERACIÓN QUE HA HECHO TANTO LA DERECHA COMO LA IZQUIERDA

“El 3 de noviembre de 1966 llega el Che Guevara a La Paz, Bolivia, con la identidad de Adolfo Mena, un economista uruguayo. La última etapa de su vida biológica como revolucionario comenzaba preñada de contradicciones y avatares de dudosa credibilidad”, escribe Müller y el lector, alertado de que lo que viene es una aventura trágica a la que no le faltarán traiciones y una perseverancia ciega hasta enfrentarse con la muerte, entra de cabeza en los entretelones de esa Historia que siempre se escribe con mayúscula. Guevara vive con la necesidad emocional de borrar de su mente todos los contratiempos del desastre revolucionario en el Congo y dejar atrás sus diferencias con Fidel Castro por la dependencia de la Unión Soviética, sostiene Müller, quien es abogado y ex profesor de ética periodística en la Universidad de Miami.

En cada uno de los capítulos de Che Guevara: valgo más vivo que muerto el autor cubano reconstruye los pasos de Guevara de manera razonada, con datos basados en una investigación profunda, dando al lector la idea de que los hechos del pasado también son inestables como el presente. Müller revela las conjeturas que rodearon a la epopeya guerrillera en Bolivia, pero luego las descarta, ya que entiende muy bien que toda crónica en la biografía de un hombre son los hechos, pero también lo que pudo ser, la oportunidad desperdiciada.

Alberto Müller fue parte del Movimiento 26 de Julio, pero luego del triunfo de la Revolución en 1959 se alejó de Fidel Castro y se unió a la resistencia contra el gobierno. En vísperas de Bahía de Cochinos fue detenido y pasó 15 años en prisión. Sin embargo su libro no destila resentimiento. En más de un sentido, es un trabajo periodístico justo, que no carga tintas. Cuando Guevara se adentra por última vez en la jungla se sabe un hombre enfermo, disminuido, y en un abandono desolador.

“Llegamos a La Habana, capital de Cuba, el día del cumpleaños número treinta de mi padre. Cuando bajamos de la escalerilla vi sobre el carro de las maletas por primera vez en vivo y en directo a un descendiente de africanos”, confiesa Martín Guevara, que al igual que su tío nació en la Argentina, en el primer capítulo de A la sombra de un mito. Hasta ese momento el sobrino del militar tiene diez años y jamás ha escuchado nada sobre el Che. Todo en la isla le parece extrañamente mágico.

Pero aunque Martín sea un niño, no obstante, a los pocos días de estar en la ciudad siente que hay un trato privilegiado hacia él y su familia. La vida en la que es su primer residencia, el antiguo “Habana Hilton”, ahora rebautizado “Habana Libre”, contrasta con la de la calle, con la del ciudadano sin atributos de linaje. En la escuela los niños repiten hasta la Secundaria Básica: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

Martín se da cuenta de que su apellido arrastra un complejo peso. Entonces se pregunta cómo sería estar a la altura de su apellido, de lo que se espera de él. En la adolescencia –el autor vivió 12 años en Cuba– la fantasía de romper con la tradición lo seduce, pero otras veces parece ahogarlo. Su libro no es despiadado ni condescendiente con su tío, más bien lo que parece dejar en claro Guevara es que lo suyo es un testimonio. Aún así, su voz podría ser una primera persona del plural de una generación (o dos) que creció con la imagen de un hombre contradictorio, que estudió medicina pero abrazó tempranamente un fusil. Más allá de las polémicas sobre su figura, lo cierto es que ambos trabajos han sido escritos con honestidad intelectual, una condición necesaria cuando se trata de individuos que están ligados a hechos relevantes de la historia contemporánea como lo es la Revolución Cubana.

‘Dos autores dialogan sobre sus libros, sus vivencias y la Cuba actual’, con Alberto Müller y Martin Guevara, jueves 8, 7 p.m. en el Instituto de Estudios Cubano y Cubano-Americano de la Universidad de Miami (ICCAS), Casa Bacardi, 1531 Brescia Ave., Coral Gables, (305) 284-2822.


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4 comentarios:

  1. una información de esos que cambian la historia pero jamas mueren de rodillas.

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  2. Ernesto el che guevara es un hombre que dio su vida por la revolución que buscaba con convicción no hay duda de ello

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